Síndrome del cuidador: síntomas y cómo superarlo

Cuidar de una persona dependiente es una tarea muy dura cuando la responsabilidad recae sobre un familiar.

A la fatiga propia del trabajo físico y mental que implica atender a una persona que no es capaz de valerse por sí misma, se le suman sentimientos de impotencia o pensamientos negativos que pueden hacerte sentir mal. Ese malestar físico y mental tiene un nombre: el síndrome del cuidador.

No deberías culparte por ello, sino decirte a ti mismo: “tengo el síndrome del cuidador quemado y necesito cuidarme yo para poder cuidar a quien tengo a mi cargo”.

¿Qué es el síndrome del cuidador?

El síndrome del cuidador quemado es el nombre que se ha dado a un conjunto de síntomas físicos y mentales que afectan a un 85 % de las personas que cargan con toda la responsabilidad o buena parte de esta en el cuidado de una persona dependiente.

Por lo general, el síndrome del cuidador quemado se va produciendo de manera paulatina, a la vez que se suceden ciertos cambios en el entorno. Estos cambios consumen al cuidador, tanto si es consciente de ello como si no se percata, y de ahí el término “cuidador quemado”. También se pueden leer artículos sobre este fenómeno en los que se habla de “fatiga del cuidador”.

Signos y síntomas del síndrome del cuidador

Hablábamos de que los síntomas de este síndrome se van manifestando a medida que se observan cambios en el entorno, muchas veces no previsibles cuando una persona asume el cargo de cuidador temporal o de larga duración.

  • Al principio el cuidador se siente capaz de desempeñar su rol y atender a sus tareas laborales o domésticas. Es cierto que se hace duro a veces, pero cree que con voluntad saldrá adelante.

  • Entonces observa cómo casi siempre el entorno comienza a desentenderse y las personas que iban a echar una mano no aparecen. Toca plantearse si contratar a un auxiliar a domicilio, pero no todo el mundo se lo puede permitir. Mientras esto sucede, el cuidador comienza a manifestar síntomas de ansiedad o depresión, trastornos de sueño y/o problemas digestivos.

  • La fatiga física y mental lleva al aislamiento social y la renuncia de sus propias válvulas de escape o aficiones. En tales circunstancias, se acentúan los problemas de salud del cuidador mientras que la persona cuidada puede estar, en efecto, bien atendida. No es extraño el abuso de estimulantes o de calmantes.

  • Lleva un momento en el que el deterioro del cuidador es tan grande que ya no puede ni atenderse bien a sí mismo ni a la persona a su cuidado. Es normal, no estamos preparados para tener semejante responsabilidad sin contar con algún apoyo.

Cómo superar el síndrome del cuidador quemado

La persona que cuida, antes que nada, debe cuidarse a sí misma y reservar unas horas a la semana para realizar alguna actividad de ocio y para quedar con gente. Nos consta que es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica en algunos casos.

Si es posible, conviene contar con ayuda externa. Y si no procede de la familia, siempre es bienvenida la ayuda de un profesional, quien además puede orientar al cuidador sobre cómo manejar al enfermo o por qué reacciona de determinada manera.

Las camas articuladas favorecen las tareas de cuidado de enfermos o dependientes a la vez que mejoran el descanso de los pacientes. Es más, si el cuidador debe cargar pesos y se resiente, incluso sería buena idea pensar en adquirir una cama articulada para sí mismo, con el fin de descansar mejor y sufrir menos molestias al dormir. Hay camas articuladas geriátricas, otras pensadas para personas con fracturas óseas, y modelos más generales o adaptables a casi todo el mundo, en los que no hacen falta muchas funcionalidades extra.

También es importante tener a alguien con quien hablar de esos sentimientos negativos que se te pueden pasar por la mente: “no soy capaz de cuidarle bien” o “parece que me quiera fastidiar con ese carácter que se le ha puesto”. Este papel lo pueden desempeñar familiares, amigos, un psicólogo o miembros de alguna asociación de familias de personas afectadas por ciertas enfermedades. En estas asociaciones suelen incluirse programas de terapia de grupo y actividades que permiten al cuidador no llegar a caer en el aislamiento social.

El síndrome del cuidador afecta a la mayoría de las personas encargadas de velar por una persona dependiente, en especial cuando aquellos a quienes cuidan pertenecen a un entorno cercano. Se trata de un problema de salud física y mental que termina repercutiendo primero en el cuidador, pero más tarde también en la persona dependiente.

Para minimizar el riesgo de que aparezca y se cronifique, debes estar atento a los signos y síntomas del síndrome del cuidador y ser previsor: ayúdate de todo lo que facilite tus tareas, asegúrate de tener algo de tiempo para ti y de descansar bien. No sientas vergüenza por no poder con todo, nadie familiarizado con estas situaciones espera que seas capaz de salir adelante sin ayuda.

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Síndrome del cuidador: síntomas y cómo superarlo
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Síndrome del cuidador: síntomas y cómo superarlo
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